La fotografía que he elegido para la cabecera del blog plasma muy bien la magia de la que hablo. Fue tomada durante unos disturbios en Vancouver en los que la chica fue herida. Su compañero, lejos de huir de la batalla, se tumbó junto a ella y no la dejó sola en ningún momento.
Por cosas como esta, decidí estudiar Educación Social ya que creo que es una carrera (y una profesión) llena de magia. La magia de ver como hay personas que luchan por seguir adelante, la magia de las mejoras de aquellas personas a las que acompañas, la magia de ver como a personas que, probablemente, han vivido momentos difíciles en su vida, les espera un futuro mágico.
Se podría decir que estoy enamorada de la magia y que no hace falta ser mago, para hacer magia.
